21 de mayo de 2008

Leer poesía


Un amigo llegó hoy hasta el lugar que ocupo en la oficina y extendiéndome un ejemplar de la revista Tierra adentro me dijo: encontré esto en la bodega, para ti que te gusta leer poesía... Yo tomé en mis manos la revista y tardé en agradecer pues me quedé pensando por segundos ¿me gusta leer poesía? o más bien ¿suelo leer poesía? Desde esa hora hasta estos momentos estuve discerniendo la respuesta: en realidad no soy una gran lectora de poesía que digamos, más bien no soy una gran lectora de nada, quizá sólo sea una muy buena lectora de mensajitos en el messenger, correos electrónicos, etc. Si acaso seré gran lectora de blogs, o ni eso; simplemente la gran lectora de los blogs de mis amigos, a los que simplemente entro con el afán de husmear y chismear y la mayoría de las veces sólo por fregar y llevarle la contraria a todos. Bueno creo que ni siquiera llego a eso, digamos que soy lectora del blog del misterio, o sea del Émula, ese que no tiene parentezco con el Emule; pero en realidad de lo que sí estoy más o menos segura es que si alguna vez me ven con un libro en la mano, lo más seguro es que sea una novela. Y claro que me gusta la poesía pero prefiero siempre leer poemas sueltos que por azahar o casualidad caen en mis manos. No recuerdo haber leído muchos libros completos de poesía y si los leí seguramente no los entendí o no me gustaron. Acaso recuerdo la sensación de haber leído Poeta en Nueva York de García Lorca, Marinero en tierra de Rafael Alberti, Las Flores del Mal de Baudelaire; y por supuesto una y otra vez Nostalgia de la muerte de Xavier Villaurrutia, mi poeta favorito. No creo que sean los únicos libros de poesía que haya leído completos, pero sin duda son los que más me han gustado, en los que encontré un ambiente, un tema y un tono nostálgico que unifican los poemas que conforman los volúmenes. A más de todo y lo más importante, me siento identificada, reflejada en la poesía que encontré en tales libros. Si existiera un Dios de la poesía yo le pediría que me permitiera escribir con la plasticidad de Villaurrutia, la inocencia de Alberti, el descaro de Baudelaire y la novedad del García Lorca de Poeta en Nueva York.


Por otro lado, no puedo decir que estos sean los únicos libros de poesía que he leído. El primer libro que tuve, con el que empecé a hacer mi biblioteca era una antología de poesía que se llama El libro de oro del declamador. Era un libro grueso, de pasta dura y páginas oscuras. Dedicado a mi tía por un ex novio. La dedicatoria decía: "con el propósito de que en el presente, encuentres un rato de solaz esparcimiento. Te amo" Una dedicatoria muy chafa la verdad, pero en aquél entonces yo no sabía lo que significaba "solaz" ni "esparcimiento", así que me parecía una dedicatoria muy seria y elegante. El hecho es que gracias a ese ex novio de mi tía (ex-tío), tuve mis primeros contactos con la poesía. Y me llegó así, suelta, variada. Desde la famosa Chacha Micaila hasta Boda negra de Carlos Borges, pasando por Manuel Acuña, Gustavo Adolfo Bécquer y Dámaso Alonso. En realidad era una antología sumamente arbitraria, en la que cabía tanto la poesía elegíaca como la poesía dramática de Ramón de Campoamor: Son hija y madre, y las dos/ con frío, con hambre y pena/ piden en la nochebuena/una limosna por Dios... la poesía vernácula, amorosa, mística, descriptiva, épica. Aún recuerdo algunos versos, algunos poemas enteros, como aquéllos que mi padre recitaba cuando ya andaba con sus chelas encima: "Y yo que me la llevé al río...", "No es por hacerles desaigre, pero ya me quité del vicio...", "cultiva una rosa blanca, en julio como en enero..." y con su gran habilidad histriónica decía "Brindo por la mujer, más no por esa..." Y bueno, muchos de estos poemas sólo tienen para mí un valor sentimental, tienen en común ser de los primeros que conocí; pero en general la poesía que conozco y que he leído ha llegado a mi por azahar. No leo mucha poesía, o mejor dicho no leo libros de poemas, prefiero leer poemas sueltos. No todos los poemas de un autor son buenos, en la mayoría de los casos. Tampoco son buenos todos los poemas de un mismo libro. Ha de ser lo mismo con la novela, pero en poesía esto se vuelve más notorio porque en un libro te topas con uno o dos poemas que te sorprenden, que te cuestionan, te hacen pensar, reflexionar; te transportan y penetran. Y entonces todos los demás se vuelven opacos y los olvidas, los encajonas y nunca más vuelven a salir. Un poema es como una novela pero condensada, un poemario es como una biblioteca y por más intelectual que te sientas no puedes leerte una biblioteca entera en una semana. La poesía ha de leerse de a poquito, a "cucharaditas" dijera ese cabrón del Sabines que me cae mal, pero que ahora se me vino a la mente por una analogía que mi cabeza crea entre la luna y la poesía. Y es que la poesía es como la luna, y la novela... la novela es como el sol.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

En tu analogía del sol y la luna, debes, sin duda, de referirte a que son complementos del hombre. Pero por qué caer en esas figuras tan romanticas y peligros?
No estoy completamente de acuerdo contigo.
La poesía puede ser día, la prosa puede ser noche. Es arbitrario.

Atte.
Ombligo feliz

Tonalli: Casa del Sur dijo...

Yo me refería más bien a las extensiones, la poesía puede ser luna porque puedes contemplarla completamente, al sol no puedes contemplarlo por largo tiempo porque su luz es tan amplia que te lastima. Y claro la analogía también partió de esos conceptos "románticos" que mencionas.

Unknown dijo...

Lucía Rivadeneyra, profesora que por fortuna tengo en la Universidad, afirma que "gracias a la palabra se huele el mar, se siente la montaña; brota la rabia ante la injusticia, nace la cólera ante la mentira; se regodean los sentidos; se toma partido, hay complicidad o solidaridad; se escucha el universo, se observa la Luna, duele el naufragio, se antoja ser paloma; se hacen presentes los deseos, los ascos; se sufre o se ríe, pero nunca hay indiferencia.

Además, señala con respecto a la escritura y la lectura que "se anela escuchar o decir la palabra que remedie la pobreza cotidiana. Se intenta montar una obra imaginaria que haga volar, soñar, crecer. Ya se volverá a la realidad, pero reconfortado".

Lo importante, más que los géneros, es el acto de crear o recrear, de leer y releer.

Dejo saludos y una pequeña prueba de las palabras poéticas de Rivadeneyra:

OFRENDA

Porque me dejaste
quemada por caricias
en un lecho sin mañana
desnuda de emociones
vestida de tu ausencia
te brindo mi silencio
puñado de viento
que silba tu nombre.

Tonalli: Casa del Sur dijo...

No me gusta la poesía personalista y amorosa, pero vale la pena conocerla. Aunque me late más todo el rollo que escribiste primero respecto a lo que dice Rivadeneira que el mismo poema que transcribiste.

xDVidalx dijo...

Mencionas que tienes "El libro de oro del declamador", he batallado mucho para poder encontrarlo, porque me han dicho que en el mismo se encuentra un poema llamado "Sala de operaciones", pero sólo me han facilitado un fragmento.
"...yo siento el palpitar de cada arteria, en la línea que marca el escalpelo, cuando yace indefensa la materia y el espíritu vaga por los cielos."
Querría saber si tienes la amabilidad de proporcionarme ese poema. Gracias por la atención prestada.

google888e13a893acf05c.html

google888e13a893acf05c.html